Aceptando la voluntad de Dios en nuestra vida

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Sabías que aceptando la voluntad de Dios que es buena, agradable y perfecta, podemos salir victoriosos en los tiempos difíciles. Apréndelo aquí con nosotros entrando este artículo.

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Aceptando la voluntad de Dios

En esta oportunidad estaremos reflexionando sobre lo conveniente que es aceptar la voluntad de Dios en nuestra vida. Porque todo creyente se podrá mantener en la fe, si y solo si, vive su vida aceptando la voluntad de Dios, que es buena, agradable y perfecta, en todo momento.

¿Por qué conviene aceptar la voluntad de Dios?

Este tema es de gran importancia para los que hemos creído en Cristo y, por tanto, decididos a seguirlo. El apóstol Pablo nos los enseña muy bien en el siguiente versículo de la carta a los romanos:

Romanos 12:2 (RVA-2015): No se conformen a este mundo; más bien, transfórmense por la renovación de su entendimiento de modo que comprueben cuál sea la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.

En este versículo hemos resaltado dos palabras compuestas y relevantes que usa Pablo. Ambas palabras coinciden en el mismo sufijo, solo que en diferentes tiempos verbales.

No obstante, en la primera, al sufijo le preside la preposición “con” y a la segunda el prefijo “trans”. Veamos cada uno de estos términos a continuación:

  • Formen o fórmense: Es dar forma, hacer algo dándole la forma que le es propia.
  • Con: Este término es una preposición o nexo que subordina algo o alguien. Cuando la preposición “con”, es usada de forma compuesta, mantiene siempre su naturaleza, sea que anteceda a un verbo o a un nombre. De manera que en este caso siempre expresará: unión, semejanza, o afinidad entre diferentes cosas, personas, acciones u objetos.
  • Trans: Prefijo latino que denota, detrás de, al otro lado de o a través de.

Dicho esto, podemos ver que Pablo nos dice que, si hemos creído en Cristo, debemos dejar de estar unidos al mundo. No se conformen, nos dice Pablo, refiriéndose a: Dejen de ser semejantes al mundo.

Más bien permítanse transcender, adoptando la forma que le es propia a un seguidor de Cristo. Solo así, concluye Pablo en este versículo, podremos comprobar, ver, creer o confiar, cuan buena, agradable y perfecta es la voluntad de Dios en nuestra vida.

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Aceptando la voluntad de Dios aunque sea difícil

En la Biblia podemos ver como desde la creación, al hombre se le ha hecho difícil aceptar o seguir la voluntad de Dios. Pero si bien en ciertas ocasiones puede resultar difícil, no es imposible, porque también en la sagrada escritura podemos ver los casos de varios hombres y mujeres que, aceptando la voluntad de Dios, dijeron: Heme aquí Señor.

Tal y como aconteció con nuestros antepasados en las escrituras, nos puede suceder o estar sucediendo a nosotros en nuestras vidas como cristianos. Cuando dejamos el mundo, pasando de muerte a vida, al creer en el mensaje de Salvación en Cristo Jesús, podemos experimentar como nuestra vida comienza a ordenarse según el diseño original de Dios.

Comenzamos a experimentar la buena voluntad de Dios en nuestra vida, si esta va acorde a lo que el Señor desea que hagamos. Pero inevitablemente en algunos momentos se nos presenta alguna situación en la que nos resultará difícil, aceptar la voluntad de Dios.

Nos obstante, pidamos que el Señor Jesucristo nos ayude en momentos así, a no desenfocarnos y mantener nuestra mirada siempre fija en Él. Y es que mientras la voluntad del Señor se ajusta a nuestros propios deseos resulta fácil aceptarla.

Pero si se da la situación en la que, lo que deseamos en nuestra naturaleza humana, no está en la voluntad de Dios. Es allí cuando a nuestro ser interior entra en conflicto porque le cuesta aceptar lo que Dios tiene dispuesto, aun sabiendo que lo que Él dispone para nosotros siempre es lo mejor.

Dios nos dotó del libre albedrío

Además, cuando reflexionamos sobre lo que representa la voluntad en el hombre, nos percatamos también de la grandeza y la sabiduría de Dios. Porque el Señor cuando creó al hombre, no quiso que este actuara de forma autómata, Él otorgó al hombre del libre albedrío para que pudiera decidir sobre lo que más le conviene.

El libre albedrío es la capacidad que tiene el hombre de decidir en completa libertad lo que desea o no hacer. El hombre puede entonces usar el libre albedrío para llevar en orden su vida o no, definiendo así su conducta como ser humano.

En esto radica la sabiduría de Dios, en saber que cuando estamos aceptando su voluntad lo hacemos de forma voluntaria, con entendimiento y en completa libertad. Aceptamos hacer su voluntad, porque lo queremos, deseamos y escogemos hacer, debido a la fe y confianza que tenemos en Él.

En ningún momento resulta para un creyente del Señor una obligación el decir: Sí Señor, heme aquí. Sino más bien es un acto voluntario de rendición, sujeción y temor a Dios. Porque el cristiano debe estar convencido de la misma forma que el salmista al decir:

Salmos 118:8-9 (DHH): Es mejor confiar en el Señor que confiar en el hombre. 9 Es mejor confiar en el Señor que confiar en grandes hombres.

Porque debemos tener el entendimiento suficiente para saber que ningún hombre en la tierra nos podrá conocer mejor, que aquel que nos creó. Y que por tanto quiere lo mejor para nosotros, Dios nos conoció incluso antes de fuéramos formados dentro del vientre materno, así dice el Señor:

Jeremías 1:5 (PDT): -Antes de que yo te formara en el vientre de tu madre, ya te conocía. Antes de que nacieras, ya te había elegido para que fueras un profeta para las naciones-.

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Cuando el hombre enfrenta su propia voluntad a la de Dios

Como ya dijimos arriba, Dios en su infinito amor desea que el hombre lo obedezca, no por obligación. Sino más bien que su obediencia sea una acción de fe y confianza en su Dios y creador.

Pero lamentablemente y como nos enseña la Biblia el hombre cuando fue creado lo primero que hizo fue desobedecer a Dios. La consecuencia a la desobediencia, fue la caída del hombre y con ella, el rompimiento de un ser puro para adoptar una naturaleza pecaminosa.

De manera que Adán y Eva al enfrentar su propia voluntad con lo que Dios les había ordenado hacer, dieron entrada al pecado y con este la caída del hombre. En conclusión, una voluntad humana en desacuerdo con la de Dios es la esencia del pecado.

¡Ojo! Como creyentes debemos tener esto muy pendiente, porque esta afirmación es tremenda y de gran peligro para una fe sana. Nuestro ejemplo a seguir es Cristo, el estandarte levantado por Dios en amor para nuestra salvación del pecado.

Jesús ejemplo de una vida aceptando la voluntad de Dios

La vida de Jesús es un gran ejemplo de vivir una vida sujeto a la voluntad de su Padre Dios. Pues, Jesús, el segundo Adán, sin llegar a cometer pecado vino al mundo y durante su estadía en la tierra, vivió aceptando la voluntad de Dios. Como el mismo nos enseña en las escrituras:

Juan 6:38 (DHH): Porque yo no he bajado del cielo para hacer mi propia voluntad, sino para hacer la voluntad de mi Padre, que me ha enviado.

Juan 5:30 (DHH): – Yo no puedo hacer nada por mi propia cuenta. Juzgo según el Padre me ordena, y mi juicio es justo, pues no trato de hacer mi voluntad sino la voluntad del Padre, que me ha enviado-.

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Aún si era difícil aceptarla

Cuando se acercó el tiempo de que Jesús consumara en la cruz el plan divino de Dios, tuvo en su interior una batalla bien fuerte. El Señor sabía que cumplir la voluntad de Dios en ese momento representaba para Él algo muy duro y doloroso en el sentido físico.

De manera que Jesús ante tan difícil situación va a la presencia del Padre y ora en Getsemaní sintiendo en su alma emociones encontradas:

Marcos 14:32-35 (PDT): 32 Después fueron a un lugar llamado Getsemaní, y Jesús les dijo a sus seguidores: – Siéntense aquí mientras voy a orar. 33 Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan. Comenzó a sentirse afligido y a angustiarse mucho. 34 Les dijo: – ¡Mi tristeza es tan grande que me siento morir! Quédense aquí y manténganse despiertos. 35 Caminó un poco, se postró rostro en tierra y oró que, de ser posible, no tuviera que pasar por ese momento difícil.

Mientras Jesús oraba su angustia crecía ante tan difícil situación, pero el aumentaba el fervor de su oración. Tanto que comenzó a sudar gotas de sangre que caían en tierra:

Lucas 22:44 (NVI): Pero, como estaba angustiado, se puso a orar con más fervor, y su sudor era como gotas de sangre que caían a tierra.

Jesús oraba y primero le dice al Padre, para ti todo es posible, quizás diciendo oye Padre si existiera otro modo de llevar a cabo tu plan, con tal que yo no sufra. Pero, inmediatamente Jesús le dice: Padre se haga conforme a tu plan y no como yo quiera:

Marcos 14:36 (PDT): 36 diciendo: –Querido padre, para ti todo es posible. Líbrame de esta copa, pero no hagas lo que yo quiero, sino lo que quieres tú-.

Jesús sabía que en la voluntad de Dios estaba la salvación de muchos y eso estaba por encima de su propio sufrimiento físico. ¡Grande eres Señor Jesús! ¡Grande eres mi Dios!

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Aceptando la voluntad de Dios aun si no la entendemos

En muchas ocasiones nos vamos a encontrar con que el Señor nos pide que hagamos algo, que puede resultar algo difícil para nosotros obedecer y entender. El Señor puede que nos pida renunciar a algo o a alguien, puede que nos toque enfrentar la pérdida de un familiar o a alguien muy allegado, puede también que nos toque pasar por una enfermedad o que alguien muy querido este enfermo, entre otras situaciones.

En fin, todas estas situaciones pueden resultar dolorosas para nosotros, más no nos corresponde entender los caminos de Dios para llevar a cabo su plan perfecto en nuestra vida. Solo debemos recordar la dura prueba que le tocó a Jesús pasar, para poder entender y aceptar las que nos corresponde a nosotros enfrentar como hijos de Dios que también somos.

De manera que cuando nos toca enfrentar alguna prueba dolorosa o difícil, puede que al principio pataleemos, pero al final obedecemos y terminamos aceptando la voluntad de Dios. De esta forma podremos comprobar cómo nos dice Pablo en Romanos 12:2: Que la voluntad de Dios, es buena, agradable y perfecta.

Por tanto, siempre el plan de Dios es lo mejor que nos va a suceder. Quizás la voluntad humana nos pueda resultar más atractiva, ser más fácil de cumplir o lo que más deseamos hacer.

Pero, también además y ojo muy importante: La decisión llevada por la voluntad humana excluye totalmente a Dios. La razón humana nos puede llevar a un camino más fácil y placentero que el que Dios nos está ofreciendo y se puede pensar que nos dará la felicidad.

Pero definitivamente esto nos es la realidad y a continuación lo vamos a poder comprobar. Como también nos lo enseña el libro de la sabiduría en las escrituras:

Proverbios 16:25 (RVC): Hay caminos que el hombre considera buenos, pero que al final resultan caminos de muerte.

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Cuando la voluntad humana es sobre la voluntad de Dios

Existe un asunto en el que debemos estar conscientes y es que la fuente de la voluntad humana son las emociones, más que cualquier razonamiento lógico del hombre. De manera que el hombre si no está en comunión con Dios, es propenso a dejarse llevar por sentimientos, deseos o caprichos frente a cualquier decisión a tomar.

Es por ello la importancia de mantenernos siempre en comunión e intimidad con Dios, para que podamos dilucidar cuál es su voluntad y dejarnos guiar por ella. Porque en caso contrario podríamos estar tomando decisiones importantes en nuestras vidas, basándonos en emociones o circunstancias pasajeras desde la perspectiva finita de la voluntad humana.

Recordemos que el hombre siempre va a tener una visión limitada de la situación por la que pueda estar pasando. Sin embargo, Dios ve el panorama completo y sabe lo que mejor nos conviene.

Isaías 55:9 (DHH): Porque mis ideas no son como las de ustedes, y mi manera de actuar no es como la suya. Así como el cielo está por encima de la tierra, así también mis ideas y mi manera de actuar están por encima de las de ustedes.» El Señor lo afirma.

Esa visión limitada del hombre nos lleva muchas veces a escoger lo que a nuestro parecer es la mejor opción, desde la perspectiva de nuestras propias emociones. Y a la final nos damos cuenta que lo que pensábamos era la mejor opción termina siendo la peor.

Es aquí donde debemos detenernos y percatarnos del peligro que representa decidir desde la voluntad humana, no aceptando la voluntad de Dios. Porque desobedecer a Dios, representa equivocarnos y con ello vendrán consecuencias que pueden repercutir no solo en nuestras vidas, sino que también en nuestro entorno.

De allí la importancia de renunciar a la voluntad humana para obedecer a Dios, porque nuestro Padre que nos ama, siempre nos guiará por el buen camino. Dios siempre nos va a guiar por el camino en donde se cumplirá su propósito para nuestra vida, solo debemos confiar:

Proverbios 5:21 (RVA-2015): Los caminos del hombre están ante los ojos del SEÑOR, y él considera todas sus sendas.

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¿Qué sucede cuando no se está aceptando la voluntad de Dios?

La Biblia nos enseña en diferentes casos, lo que sucede cuando el hombre cae en desobediencia no aceptando la voluntad de Dios. Uno de estos casos es el rey David, un hombre obediente de Dios y con un corazón conforme a Él.

Pero que, a pesar de ello, se dio la ocasión en que David se deja llevar por sus caprichos y deseos, haciendo su propia voluntad. David amaba a Dios, conocía sus mandamientos y sentía temor de Él, no obstante, se dejó llevar por la tentación colocando sus ojos en Betsabé, cometiendo con ella adulterio.

Pues Betsabé era casada, David sigue pecando al mandar a matar al esposo, Urías y así poder casarse con ella, ver 2 Samuel 11. Dios ante el actuar de David en desobediencia a su palabra, lo amonesta y le hace confrontar su pecado en la voz del profeta Natán.

Dios en su amonestación, primero le recuerda a David, de dónde lo había sacado y dónde lo había colocado. De pastor de oveja lo ungió para ser el sucesor del rey Saúl, de quien también lo libró, al querer este matar a David.

Puse en tus manos a la casa de Israel y de Judá, y te abría añadido más, le dice Dios a David. Seguidamente lo confronta preguntándole: ¿Por qué has tenido en poco mi palabra, haciendo lo malo delante de mis ojos?:

2 Samuel 12:9-10 (DHH): 9 ¿Por qué despreciaste mi palabra, e hiciste lo que no me agrada? Has asesinado a Urías el hitita, usando a los amonitas para matarlo, y te has apoderado de su mujer. 10 Puesto que me has menospreciado al apoderarte de la esposa de Urías el hitita para hacerla tu mujer, jamás se apartará de tu casa la violencia.

Leyendo este pasaje podemos ver lo que pasó al David hacer su voluntad: ¡Menospreció la palabra de Dios! Esto es tremendo y trae en consecuencia el juicio de Dios: ¡Jamás se apartará de tu casa la violencia!

El Señor nos libre siempre de no estar aceptando la voluntad de Dios, para no menospreciar su palabra. Busquemos por tanto siempre agradar a Dios obedeciéndolo en todo.

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¿Por qué estamos menospreciando a Dios al desobedecer su palabra o voluntad?

Esto es una gran verdad, si desobedecemos a Dios, estamos despreciando su palabra y por ende estamos menospreciándolo a Él. Cuando optamos por hacer nuestra voluntad como lo hizo David en esa oportunidad, no le estamos dando el valor y la posición que debe ocupar Dios en nuestras vidas.

Más grave aún, estamos dejando de amar a Dios como Él quiere que lo amemos: Con todo nuestro corazón, alma, fuerzas, y con todo nuestro entendimiento. Como bien nos lo enseña Jesús al decir:

Juan 14:15 (TLA): -Ustedes demostrarán que me aman, si cumplen mis mandamientos-.

De manera que lo peor que nos puede pasar al no estar aceptando la voluntad de Dios, es causarle un gran dolor por nuestra falta de amor hacia Él. Esto es peor que cualquier consecuencia o repercusión de la desobediencia en nuestra vida.

Pidamos al Señor nos fortalezca para impedir que nuestra propia voluntad se imponga sobre la de Dios. No obstante, el amor y la misericordia del Señor es tan grande que, si hemos caído menospreciando a Dios en este sentido, Él siempre nos podrá perdonar.

Dios nos ha dado en su palabra promesas bíblicas de restauración, donde nos promete levantarnos nuevamente, si nos arrepentimos. De manera que podamos levantar y honrar su nombre con nuestras vidas:

Jeremías 15:19 (NVI): Por eso, así dice el Señor: –Si te arrepientes, yo te restauraré y podrás servirme. Si evitas hablar en vano, y hablas lo que en verdad vale, tú serás mi portavoz. Que ellos se vuelvan hacia ti, pero tú no te vuelvas hacia ellos-.

Te invitamos a entrar aquí a conocer otras promesas bíblicas que están esperando por usted. Todas estas promesas están vinculadas al amor de nuestro Dios y, por ende, a la fe que Él quiere generar en el corazón del hombre. Nuestro Dios es un Dios que nos bendice, por su gracia, por su misericordia  y simplemente cuando promete cumple.

¿Qué hacer para evitar el menosprecio no aceptando la voluntad de Dios?

En nuestra vida podemos estar tentados en algún momento a hacer nuestra voluntad. Pero qué podemos hacer para evitar caer en esas tentaciones y con ello no permitir que menospreciemos a Dios, a continuación, te damos algunos consejos claves a seguir:

-Orar: Algo que nos ayuda grandemente en nuestra intimidad con Dios es la oración. De esta forma nos acercamos con sinceridad y confianza a nuestro Señor, descansando en Él.

-Recordar las victorias del Señor en nuestra vida: Debemos recordar y hacer memoria de como Dios ha tenido cuidado de nosotros en todo momento. Esto nos ayuda a avivar nuestra fe y confianza en Él, porque con seguridad el Señor nunca nos ha defraudado y nunca lo hará.

-Recordar los dones que Dios nos dotó en Cristo Jesús: Recordemos que, por medio Cristo Jesús, Dios nos ha dado identidad de hijos. Como hijos nos revistió de fidelidad, santidad, misericordia, amor y poder.

-Dejar el propio afán y entregar el control al Señor: No nos afanemos por buscar lo que creemos necesitar, dejemos que Dios tome el control de darnos lo que en realidad necesitamos y en su tiempo.

-Pensar en las bendiciones que nos da Dios: Por eso es bueno conocer las bendiciones de Dios que están esperando por usted.

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